Cada vez más la gente se pregunta hasta qué punto les influye negativamente los campos electromagnéticos en que se someten despreocupadamente día a día. Muchos de nosotros nos despertamos con el móvil, calentamos la leche con el microondas (posiblemente cerquita de la TV de 19" en la cocina) y de camino al trabajo llamamos por teléfono móvil aun en un estado de semi sonámbulo.
Esta rutina de apariencia inofensiva tal vez se convierta en pocos años en un conjunto de “malos hábitos” que deben desaparecer de inmediato (al igual que hará ahora tan solo 30 años los médicos aseguraban que se podía fumar cerca de un bebé sin poner a la criatura en ningún peligro y en la actualidad no se permite fumar en sitios públicos). Tal vez, en unos años, debamos todos adquirir nuevos hábitos de consumo, pues cada vez más hacemos lo que ciertos intereses económicos (gubernamentales o no) les beneficia que hagamos o dicho de otra forma algo más fría pero real, les deja de perjudicar que empecemos a hacer.
En mi opinión probablemente aun sea muy temprano para poder tomar alguna decisión final, pero no podéis negar que el simple hecho de que por un lado no se oiga NADA del tema de forma oficial aunque hay corrientes que lo están estudiando y anunciando y por otro lado la certeza que en los 3 minutos que has invertido en leer este post, entre todas las teleoperadoras móviles han facturado en el planeta tierra probablemente más de 10 millones de dólares en llamadas & SMS, hace que nos preguntemos de una forma más individual y exigente, ¿qué puede haber detrás de este incómodo y artificial silencio?.